Las patentes de software, un freno al progreso

Estoy de acuerdo con que las patentes son indicador del grado de innovación y avance tecnológico de un pais, pero no podemos permitir que el sistema de patentes se convierta en un circo para que una panda de abogados sin escrúpulos hagan ganar dinero a empresas que además frenan el desarrollo tecnológico. Todo esto viene a raíz de una noticia que he leido en ArsTechnica sobre la infame patente ‘906 (y posterior ‘985).

Esta patente en cuestión protege la ejecución de contenidos a través de “objetos de programa embebido”, es decir, los plugins de los navegadores de toda la vida. La verdad que el texto de la patente es un poco más enrevesado y no dice esto directamente, pero es así de escalofriante. Los perpetradores de tamaña infamia son una empresa llamada Eolas y la universidad de California (a la cual ni enlazo), y tras haber litigado con Microsoft y haberle levantado unos cuartos, ahora van a la pesca de la anchoa contra, atentos a la lista: Adobe, Amazon, Apple, eBay, Google, JPMorgan, Playboy, Sun Microsystems, Texas Instruments, Yahoo y otros que no conozco. En su tiempo, esta patente fue invalidada, pero por arte de del dicharachero sistema judicial americano (muchas veces digno de admiración, en otras de asombro, y en las menos, de vergüenza) fue puesta de nuevo en circulación, además de aprobarse otra patente que metía AJAX en el mismo saco: la maldita patente ‘985.

Todo este asunto me provoca un odio hacia la clase política, que al fin y al cabo es la que conforma el poder legislativo, y no porque sienta lástima de las grandes empresas mencionadas anteriormente, sino precisamente por aquellas empresas que no se citan, pero que han visto cómo sus ideas de negocio, se veían frenadas por un sistema de patentes que está totalmente loco. Reconozco que las patentes permiten proteger la propiedad intelectual, pero hay ámbitos en las que directamente no tienen ningún sentido. No es lógico permitir el registro de modelos de negocio y servicios (caso Bilski) que al fin y al cabo recogen de prácticas habituales en la sociedad. Si sólo una entidad puede ofrecer ese servicio, ¿cómo se sostiene la libre competencia?, ¿cómo protegemos al consumidor final?

Y llegando al punto que toca mi fibra sensible, el software. El software es una solución a un problema, ofreciendo una funcionalidad determinada. La funcionalidad no se debe poder patentar, ya que al igual que en caso de modelos de negocio, frena la competencia y por ende, la mejora. Por otro lado, para ofrecer esa funcionalidad, el software está compuesto por una cantidad de algoritmos, y ese encadenamiento de algoritmos puede ajustarse a patrones de diseño estándar, puede ser la única solución lógica, es decir, que sería difícil determinar si incumple una patente, y los evaluadores de patentes ya tienen bastante trabajo. Además, estás patentes ponen en riesgo el desarrollo de software libre, ya que estos programas, al no generar beneficios económicos y estar soportados en ocasiones por particulares, no podrían hacer frente a un sistema de patentes tan tiránico.

En Europa aún no se han aprobado, pero hay un fuerte lobby a favor, y también en contra. Curiosamente, empresas que se ven afectadas por las patentes (algunas de la mencionadas) promueven la aprobación de las mismas ya que al fin y al cabo es “otra línea de negocio más”, pero una línea de negocio que puede dañar el progreso y dejarlo en manos de unos pocos.

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