Pikmin 2 (50%)

Para mí, una de las mayores sorpresas dentro del mundo de los videjuegos de estos últimos años ha sido ese “pequeño” juego que me elegí con la gamecube al comprarla porque me daban uno a elegir. No fue ni el WaveRace, ni el Eternal Darkness ni el Rebel Strike. Sí señor, fue Pikmin, una decisión fundamentada únicamente en lo majos que eran los bichillos de la portada y en la necesidad de probar algo nuevo…y fue maravilloso…mientrás duró.

La principal pega del primer Pikmin era su longitud, demasiado corto como el Luigi’s Mansion, otra de las maravillas de la primera hornada. El resto prácticamente perfecto: un gran juego, gráficos preciosistas, y una sensación de estar en el jardín de casa jugando con muñequitos pero sin mancharse de barro. Con esta segunda entrega se han subsanado los fallos del anterior y se ha extendido la jugabilidad al doble. Al doble, porque en esta entrega es posible controlar dos grupos de pikmin al tener dos capitanes: Olimar y su ayudante Luis. Esto permite dar un dinamismo mayor al juego al no estar limitado a una tarea a la vez y con la dificultad de este capítulo es bien necesario. Como ya sabéis, no hay límite de días, y nos pasaremos horas y horas buscando piezas por los jardines, piezas curiosas como chapas, canicas o latas de anchoas. Y algunos minutillos admirando nuestros tesoros.

Pikmin ha creado una nueva escuela, o la ha redefinido, o revivido, como queramos verlo, pero es algo que resulta fresco en el saturado mercado actual. Nos lanza de lleno a un mundo nuevo, pero que conocemos, natural, con unos enemigos que viven allí, es su hábitat. No vamos a vengar la muerte de nuestro mejor amigo ni a salvar al mundo de la amenaza nuclear de un robot gigante. Vamos a buscar piezas de nuestra nave y a la vez a patearle el culo a unos cuantos insectos. Y todo esto con la ayuda de unos bichos que nos recuerdan a los lemmings por su comportamiento pero mucho más agresivos. Estos bichitos adorables nos harán reir cuando se caigan al correr, enfadarnos por su comportamiento caótico, animarles en las luchas e incluso llorar cuando los perdamos. La relación con los pikmin es entrañable y da pena perder al menos uno de ellos, aún cuando los tengamos a cientos. Eso es lo maravilloso del juego, que gracias a su cuidado diseño y planteamiento logra que nos divirtamos sintiendo el juego; no me malinterpretéis, no digo sentir a nivel de comunión con dios o el cosmos, digo sentir de tocar, respirar hondo dentro de ese jardín, reir aunque estemos solos, ponerles nombre a los bichos (el loco, el kamikaze, el gonzo, el gordopillow, los enanos saltarines…) y esto es dificil de lograr en un juego.

No sé si me estoy haciendo viejo y los juegos no son lo que eran antes para mí (mucha carretera) pero cuando uno se encuentra con algo que merece la pena y el reconocimiento más allá de una nota, no puede más que rendir homenaje a todo el equipo que hace posible tal maravilla que nos hace creer de nuevo en que divertir con los juegos a gente que ha jugado de todo es posible aún y que la imaginación no tiene límites (más allá de los económicos, claro, pero de las grandes compañías estilo EA o Sony ya hablaremos otro día). Me voy a seguir jugando con esto bichillos que me he pasado el juego y aún me queda el 50%!!! Y muchas sorpresas que no desvelaré porque merece la pena descubrirlas por uno mismo.

Conclusión: joya.

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